jueves, 11 de febrero de 2010

LA VIRGINIDAD


La virginidad, tradicionalmente la entendemos en mantener el himen intacto, dándole un significado simbólico como un máximo valor.

La valoración patriarcal que exige la virginidad femenina para el momento del matrimonio representa la doble moral que nuestra sociedad maneja en relación con la sexualidad, restrictiva para las mujeres y permisiva para los varones. Casi nunca hablamos de la virginidad masculina o castidad, tema que no está en debate.

En muchos casos se interpreta que la virginidad equivaldría a no tener conocimiento de la sexualidad, la mujer debe ser muy ingenua e ignorante; el saber sólo sería justificable con el matrimonio.

Esto provoca que muchas parejas tengan prácticas sexuales peligrosas con su novio, tratando a toda costa de mantener su himen intacto.

Me pregunto si este tema tiene un mismo valor en todo el país, ¿será igual en las zonas rurales que en las urbanas?, ¿será igual en la selva que en la sierra o en la costa?, ¿igual en grupos instruidos que en los analfabetos o de baja escolaridad?. La realidad peruana evidencia diferencias, traducidas en altos porcentajes de embarazos en adolescentes, cada vez más jóvenes son madres antes de los 18 años, a predominio rural y en la mujer de menor escolaridad.

La cultura andina y el matrimonio a prueba o sirvinacuy son una clara expresión de nuestra diversidad cultural, y que estos valores no representan lo mismo en todas partes.

Ante ello tenemos que la virginidad y la castidad constituyen una decisión personal, mujeres y varones tienen derecho a ejercer su sexualidad, a planificar su familia y su ejercicio se basa en el conocimiento de su pareja, en su responsabilidad como tal, en su nivel de autoestima y de asertividad. Ambos son sus derechos sexuales y reproductivos, es decir, sus derechos humanos, de ellos y ellas depende esa importante decisión personal.


Dr. Daniel Aspilcueta
Director Ejecutivo
INPPARES

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